domingo, 8 de marzo de 2015

Talos

TALOS
Los seres vivos hechos de metal o de piedra integran una especie alarmante de la zoología fantástica. Recordemos los airados toros de bronce que respiraban fuego y que Jasón, por obra de las artes mágicas de Medea, logró uncir al arado; la estatua psicológica de Condillac, de mármol sensible; el barquero de cobre, con una lámina de plomo en el pecho, en la que se leían nombres y talismanes, que rescató y abandonó, en Las Mil y Una Noches, al tercer mendigo hijo de rey, cuando éste hubo derribado al jinete de la Montaña del Imán; las muchachas "de suave plata y de furioso oro" que una diosa de la mitología de William Blake apresó para un hombre, en redes de seda; las aves de metal que fueron nodrizas de Ares; y Talos, el guardián de la isla de Creta.

[NOTA: A la serie podemos agregar un animal de tiro: el rápido jabalí Guillinbursti, cuyo nombre quiere decir "el de cerdas de oro", y que también se llama Slidrugtanni, "el de peligrosos colmillos". "Esta obra viva de herrería -escribe el mitólogo Paul Herrmann- salió de la fragua de los habilidosos enanos; éstos arrojaron al fuego una piel de cerdo y sacaron un jabalí de oro, capaz de recorrer la tierra, el agua y el aire. Por oscura que sea la noche, siempre hay bastante claridad en el sitio en que esté el jabalí". Guillinbursti tira del coche de Freyr, dios escandinavo de la generación y de la fecundidad.]

Algunos lo declaran obra de Vulcano o de Dédalo; Apolonio de superviviente de una Raza de Bronce.

Tres veces al día daba la vuelta a la isla de Creta y arrojaba peñascos a los que pretendían desembarcar.

Caldeado al rojo vivo, abrazaba a los hombres y los mataba. Sólo era vulnerable en el talón; guiados por la hechicera Medea, Cástor y Pólux, los Dióscuros, le dieron muerte.
J.L.Borges
M. Guerrero

miércoles, 27 de abril de 2011

Bestiario de Luis Gueilburt



Desde hace algunos años me he dedicado a la construcción de este bestiario escultorico que presento aqui, ocurrió por simple casualidad como la mayoría de las cosas importantes y ahora me gustaría poder nombrar a estos seres imaginarios que tal vez han salido del libro de Borges o de otros bestiarios que nos han precedido y que siempre me han apasionado.
La edad media sigue condicionandonos aun a los que vivimos en el siglo XXI tal vez porque su presencia es aparentemente atemporal.

ANIMALES ESFÉRICOS

LA ESFERA es el más uniforme de los cuerpos sólidos, ya que todos los puntos de la superficie equidistan del centro. Por eso y por su facultad de girar alrededor del eje sin cambiar de lugar y sin exceder sus límites, Platón (Timeo, 33) aprobó la decisión del Demiurgo, que dio forma esférica al mundo. Juzgó que el mundo es un ser vivo y en las Leyes (898) afirmó que los planetas y las estrellas también lo son. Dotó, así, de vastos animales esféricos a la zoología fantástica y censuró a los torpes astrónomos que no querían entender que el movimiento circular de los cuerpos celestes era espontáneo y voluntario.
(Más de quinientos años después, en Alejandría, Orígenes enseñó que los
bienaventurados resucita-rían en forma de esferas y entrarían rodando en la eternidad.)

En la época del Renacimiento, el concepto del cielo como animal reapareció en Vanini; el neoplatónico Marsilio Ficino habló de los pelos, dientes y huesos de la tierra, y Giordano Bruno sintió que los planetas eran grandes animales tranquilos, de sangre caliente y de hábitos regulares, dotados de razón. A principios del siglo xvii, Kepler discutió con el ocultista inglés Robert Fludd la prioridad de la con-cepción de la tierra como monstruo viviente, "cuya respiración de ballena, correspondiente al sueño y a la vigilia, produce el flujo y el reflujo del mar". La anatomía, la alimentación, el color, la memoria y la fuerza imaginativa y plástica del monstruo fueron estudiados por Kepler.

En el siglo xix, el psicólogo alemán Gustav Theodor Fechner (hombre alabado por William James, en la obra A pluralistic universe) repensó con una suerte de ingenioso candor las ideas anteriores. Quienes no desdeñan la conjetura de que la tierra, nuestra madre, es un organismo, un organismo superior a La planta, al animal y al hombre,pueden examinar las piadosas páginas de su Zend-Avesta. Ahí leerán, por ejemplo, que la figura esférica de la tierra es la del ojo humano, que es la parte más noble de nuestro cuerpo. También,"que si realmente el cielo es la casa de los ángeles, éstos sin duda son las estrellas, porque no hay otros habitantes del cielo"


Manual de zoología fantástica

Por Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

México – Buenos Aires

Primera edición, 1957
Segunda edición, 1966